Por razones que aun desconozco y que ya poco importa, me encuentro
en el principio del apocalipsis en la ciudad de Hurlingham. La gente corre de
lado a lado y yo aun no entiendo si el problema son zombies o algo aún mas
bizarro, cuestión es que como en todo apocalipsis, solo hay una cosa por hacer:
Correr.
De la nada aparece
mi familia, mis viejos y mis hermanos y para hacer de la tarea de escape aún
mas difícil, mi sobrinita. Puta madre... puta madre... Encima de que se me
viene el apocalipsis encima me toca hacerme cargo de toda la familia! Cuestión
es que el problema se materializa en forma de catástrofe natural y desde lejos
veo que se viene un tsunami arrastrando media ciudad con él. Nuevamente, la
gente corre desesperada y yo me encuentro un Fiat 600. "Con este nos
salvamos"pienso y meto a toda mi familia en el auto (No me preguntes
como, pero recline los asientos delanteros del 600 y adentro iba metiendo a
todo el mundo). Mi viejo se mandó primero (atrás) y ocupaba casi la mitad del
autito, así que lo saque y le dije: No viejo, esa panza tiene que ir del
acompañante.
Meto primera,
segunda, tercera y el autito sale escupido como una bala. Por el retrovisor veo
que el tsunami se acerca y pienso que el 600 no fue una buena elección (ojo
capaz que si no iba tan cargado iba más rápido). El agua nos empieza a besar el
culo y con lo poco que nos queda decido doblar en una esquina para salvarnos (Quizás
habré visto muchas películas de acción y algo en mi interior me dijo, dobla que
así es como zafas de un tsunami. Cuestión es que eso solo funciona en
Hollywood, ni tu subconsciente se la cree). Al pedo doble, el tsunami nos pegó
de lleno en el costado izquierdo, el auto volcó y ahora tenía que sacar a toda
mi familia de un 600 antes de que mueran ahogados... y sabes qué? Lo hice
porque soy bien poronga. Salve a todos.
Ahora estábamos
todos mojados, con el Fiat hecho percha porque le entro agua por el escape y la
ciudad estaba devastada. No había un alma por la calle, pero la cosa se iba a
poner fea porque tantas películas y series post-apocalípticas me enseñaron
algo: No confíes en nadie.
Sabíamos que el
autito era nuestra única salvación, teníamos que repararlo y tomarnos el palo
de la ciudad porque si no, nos iban a hacer teta (quién? no se). Elegimos una
casita abandonada a modo de base, la idea era descansar y tratar de reparar el
auto. Adentro de la casa mi vieja y mis hermanas contaban las provisiones, mi
hermanito hacia guardia y con mi hermano intentábamos reparar el auto. Mi
viejo, de brazos cruzados como de costumbre. En una de esas aparece un pibe
(era un guacho, 17 años tendría) y nos intenta zarpar el 600. Con mis hermanos
lo paramos en seco y le advertimos que se tome el palo. El guacho, no solo hace
oídos sordos a nuestra advertencia si no que nos intenta zarpar el auto de
vuelta. Ahí mismo lo bajamos de una trompada y lo tomamos de rehén. Nuevamente,
le advierto que se tome el palo, que es la única oportunidad que le vamos a
dar. El pibe nos amenaza, nos dice que va a venir con su grupo y nos van a
hacer mierda. En ese mismo instante por mi mente pasa una sola cosa: La imagen
de mi sobrina jugando dentro de la casa. Le digo a mis hermanos agárrenlo bien
y lo empiezo a cagar a trompadas violentamente (A lo American History X). En lo
más profundo de mi ser rechazo lo que estoy haciendo, pero es él o mi sobrina. Así
que le sigo dando hasta que solo le quedan unos pocos dientes y la cara queda
irreconocible. El pobre pibe queda imposibilitado pero así y todo es corajudo, intenta
agarrar su walkie talkie para llamar a su grupo. Le digo: no pibe y lo
desconecto (Acá, la cosa se pone media sci-fi. Le
corto una especie de cable que le da energía. Básicamente, el pibe pasa a ser
una especie de cyborg y lo desenchufo. No obstante, decido conservarlo en una
mochila por si nos arrepentimos).
Sabiendo que su
grupo podía estar cerca y que no iban a tardar en empezar a buscarlo, le digo a
toda mía familia que levanten campamento. Nos tenemos que ir. Con mis hermanos,
los únicos consientes del peligro inminente, nos ponemos a trabajar en el auto
e intentar, por milagro, repararlo antes del desastre. Desgraciadamente, mi
familia no toma en serio mi aviso y en una de esas cae un hombre. Esta vez, nos
toca un tipo amable y tranquilo. Nos dice que está buscando a su hermano y nos
pregunta si lo hemos visto.
Mis hermanos me
observan, listos para abalanzarse sobre el tipo a mi orden. Por mi mente se me
vuelve a aparecer la imagen de mi sobrina pero en los más profundo de mi ser
rechazo el lado animal que minutos antes libere. Me consuelo pensando que quizás
el tipo pueda entender que actuamos en nuestra defensa y así volver a ser
humanos capaces de perdonar, pero entonces recuerdo la única regla importante
en un mundo como este: No confíes en nadie. Y me despierto.
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