Ya van no sé cuántos años que vengo trabajando de encubierto
en un caso, no doy mas pero parece ser que esta noche damos el golpe final. Hoy
es el cumple de uno de los capos del cartel y hace unos pocos días me entere que,
en honor a su festejo, muchos de los cabecillas del cuartel estarán presentes.
Mis superiores decidieron que ese era el momento justo para agarrarlos a todos
y me pidieron que verifique las instalaciones como para proveerles de un mapa
un poco más detallado: magnitud del espacio, entradas, salidas traseras donde
se nos pueda escapar alguno y cosas por el estilo.
A partir de ahí me veo como en tercera persona y resulta ser
que soy Pablo Echarri… Repaso todo meticulosamente, no vaya a ser que se me
escape algún detalle y todo el plan se vaya a la mierda. Años y años como
infiltrado podrían ser tirados a la basura. Me paro en el medio y giro lentamente
sobre mi cuerpo observando todo el depósito. Ahí no más escucho que empiezan a levantar
una de las persianas y me quedo duro. Quien
carajo será? -pienso. Escucho la voz de uno de los cabecillas, puta que lo pario! Se me adelantaron!!! –me
digo y me percato de que tengo mi arma reglamentaria encima. No solo no debería
estar ahí si no que ando con una pistola reglamentaria encima. Yo era parte del
equipo que en poco menos de una hora atacaría el deposito, tomando por sorpresa
al cartel en medio del “Que los cumpla feliz…”. Era una pieza maestra, una
bofetada a estos hijos de puta que durante tanto tiempo se llevaron tantos de
mis compañeros. Sin embargo, un arrebato de duda me hizo acercarme a chequear
el lugar una vez más. Ahora estaba solo y rodeado de mis colegas de la mafia,
que me conocían no como quien realmente era si no como Marito, mi nombre de
encubierto.
Rebolee la pistola entre unas cajas y fingí que estaba
ordenando el lugar, para cuando la cortina se terminó de levantar los muchachos
me vieron. Ehh Marito!!! Que haces acá?
Llegaste temprano viejo…-Dice el jefe de mi cartel (En este caso es Oscar
Ferreiro, actor Argentino que hacía de jefe malo en “Tiempo de Valientes”). Eh, si si, quería tener todo listo vio-
me hago el boludo. Y que bien hiciste- Me
contesta el viejo mientras la pandilla va ingresando- Porque hoy tenemos un invitado de lujo, sabes?. –Como que un invitado de lujo?- le contesto y ahí no más lo
veo entrar… El mismísimo Pablo Emilio Escobar Gaviria viene detrás de Oscar
Ferreiro y con los brazos abiertos entra al depósito recibiendo el aplauso de
todos los integrantes de la pandilla, incluido mi jefe. Pablo Echarri (O sea,
yo), se queda con la boca abierta y un pucho le cuelga del labio (Así como
cuando pone cara de pelotudo en la tele).
La escena cambia a una mesa redonda donde estamos todos
sentados, no somos muchos pero estamos compartiendo una típica cena italiana de
mafia. Enfrente lo tengo a Escobar, al lado a mi jefe Ferreiro y al lado a
Mateo Pompbroski (Un ex compañero de laburo que por desgracia parece haber terminado
en el negocio de la frula). Estamos todos comiendo polenta, charlando entre
carcajadas y humo de habanos. Mi plato aun lleno se enfría y Mateo me dice por
lo bajo: Che boludo, comete eso. No le
vayas a depreciar la comida al jefe en su cumpleaños. A Mateo le tengo muchísimo
cariño, a pesar de estar en el lado equivocado no lo considero mi enemigo si no
mi amigo. No sabía que él iba a estar ahí y mucho menos, que yo iba a quedar en
el lado incorrecto a pocos minutos de que ingrese el pelotón. La cosa se iba a
poner fiera, con Pablo Escobar ahí, los jefes no se iban a rendir fácil y menos
la brigada, ¿Sabes qué lindo trofeo
agarrar al Colombiano? –me digo lamentándome mi suerte. Lo miro a Mateo, así
como meditativo… Finalmente cedo ante el cariño, total capaz que hoy mismo me
lleva la parca. Escuchame Mateo, escúchame
bien lo que te voy a decir –Le digo bien bajito mientras los otros están chocando
copas y diciendo cosas ya indescifrables- En
pocos minutos esto va a ser un quilombo, se nos viene la brigada y nos van a
cagar a tiros.-Mateo me mira con cara de Hijo de una gran p… pero no dice nada, traga saliva y mantiene la
boca cerrada. –Tengo una reglamentaria
entre las cajas, cuando apaguen las luces se nos vienen encima. Vos seguime
bien agachadito y con suerte la contamos – Mateo asiente y me señala a un
costado, una de las minas de los capos viene trayendo una torta con velitas.
Pablo Echarri vuelve a mirar a Mateo mientras la pandilla entera empieza a
cantar el feliz cumpleaños y me despierto…